El origen del mítico Camino de Santiago es el descubrimiento del Sepulcro Jacobeo en la Alta Edad Media, en tierras de Galicia. A partir de aquí cabe dudar de la identidad de restos que allí se veneran, pero este hallazgo es el único impulso generatriz acreditable del Camino de Santiago.

Algunos teorizan un origen muy anterior, fruto de supuestos antecedentes paganos pre-cristianos en las costas gallegas. Es innegable la existencia de cultos paganos precristianos, casi puede decirse que es obvio, porque la existencia de cultos religiosos son consustanciales al hombre y por tanto anteriores a Cristo, pero lo que no se puede dar por certeza es que un culto cronológicamente anterior sea antecedente de otro posterior.

Es innegable el sincretismo entre cultos paganos y cristianismo, fenómeno de todas las culturas y épocas de la historia. Toda cultura que se impone a otra absorbe elementos de la anterior, y el fenómeno no es una imposición aniquiladora, como a veces se reprocha al cristianismo, sino que es un proceso espontáneo resultado de una concomitancia de cultos y costumbres arraigadas que la querencia popular mezcla y fusiona como una sola en modo que una se somete a la otra, pero subyaciendo dentro de ella, a veces de modo muy reconocible

Pero este no es el caso del Camino de Santiago, que no es producto de un fenómeno de sincretismo cultural, sino que su inicio está bien acreditado como fenómeno sociocultural propio de identidad bien contrastada por diversos autores. Y no se trata de negar la existencia de precedentes, sino de establecer un origen y, por tanto, de precisar si un hecho arcaico es causa de un hecho posterior o solo es cronológicamente anterior. Si analizamos con un mínimo de propiedad, solo cabe aceptar la existencia del Camino de Santiago con el surgimiento medieval de la ciudad de Compostela en torno al hallazgo del sepulcro jacobeo, en el primer tercio del siglo IX. El Camino de Santiago surge y se orienta hacia un lugar, hacia un personaje y hacia un significado, no hacia algo que antes fue una cosa y a partir de cierto momento se transforma en otra. Descarto pues la hipótesis esotérica y sensacionalista de que el Camino de Santiago sea la cristianización de cultos paganos preexistentes en un salto imposible de muchos siglos.

Obispo Teodomiro

Obispo Teodomiro, descubridor del sepulcro de Santiago, según el Tumbo A del s. XII de la Catedral de Santiago

Entre los años 820 y 830 es cuando la leyenda cuenta que un ermitaño llamado Pelayo vio unas luces que venían de un bosque cercano. Este curioso fenómeno se repetía cada noche, por lo que Pelayo extrañado decidió avisar a Teodomiro, el obispo de Iria Flavia. Teodomiro fue a la zona y descubrió tres sarcófagos que identifico, por los antecedentes existentes, como las tumbas del apóstol Santiago el Mayor y sus discípulos Anastasio y Teodoro. Teodomiro notificó su hallazgo al monarca astur-galaico Alfonso II el Casto, que tras ir con su corte desde Oviedo hasta Santiago terminó por aceptarlo re respaldarlo, levantó una modesta iglesia para su culto y custodia. Los primeros monjes custodios fueron benedictinos llegaron, que crearon el monasterio de San Paio de Antealtares, desde donde custodiaban las reliquias y organizaban su culto.

Con el tiempo la pequeña iglesia quedó muy insuficiente capilla, y por su iniciativa de su nieto Alfonso III se levantó un nuevo santuario de mayores dimensiones y mejores materiales. En 1075, será cuando se inicia la construcción de una catedral románica que hoy podemos ver, aunque reconvertida externamente en modo gótico y barroco, en la Plaza del Obradoiro. Este fenómeno no tardó en propagarse por toda Europa, y los peregrinos comenzaron a peregrinar hasta la catedral de Santiago de Compostela, convirtiendo esta peregrinación en una de las más importantes del mundo.

Los siglos de esplendor medieval transcurren entre los siglos X-XIV, impulsado por el marcado atractivo del hallazgo y el desarrollo de una red de hospitales de asistencia a los peregrinos por toda Europa, por iniciativa de las Órdenes monásticas. A partir de aquí las peregrinaciones experimentan fluctuaciones que recuperan su incentivo espiritual con el establecimiento de los Años Jubilares o Años Santos,  años en que la festividad del Santiago en Mayor caía en domingo.

El Modernismo y sobre todo el siglo XIX supone una gran crisis, no desapareciendo del todo pero si disminuyendo a cifras exiguas. Será en el último cuarto del siglo XX cuando, por iniciativa de hombre como Elías Valiña, O Cura do Cebreiro, se reinstaura un nuevo periodo de éxito creciente en las peregrinaciones jacobeas, solo afectado por la Pandemia del Covid-19 del que parece resurgir nuevamente en la medida que se van mejorando las cifras de contagio con la vacunación.

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